El maquillaje, escalera al éxito o tobogán al fracaso.

“Quienes subestiman el poder de su imagen profesional tienen menos oportunidades de conseguir el trabajo de sus sueños” David Navarro.

Para nadie es un secreto que el ser humano está programado para juzgar con base en la primera impresión, por eso es tan común el dicho ” la primera impresión es la que cuenta”. Solo bastan segundos para que inconscientemente decidamos si una persona es buena, decente y sana. Es una cuestión antigua, evolutiva, no se trata de un tema frívolo ni superficial. Los psicólogos afirman que es un recurso de nuestra mente para obtener información de personas que no conocemos, funcionando también como mecanismo de protección.

Arnaud Aubert, catedrático del departamento de Neurociencia de la Universidad
Francois Rabelais (Francia), está inmiscuido en una de las primeras investigaciones sobre la “sintaxis del maquillaje”. “¿Por qué me centro en el estudio de las bases, labiales y sombras?, porque nos permite modificar la opinión que el interlocutor se forma de nosotros. El ser humano juzga, en un segundo, no solo el atractivo, sino también la personalidad y la moral. La imagen nos basta para decidir –de manera inconsciente– si alguien es honrado o no. La apariencia, como la palabra, vehicula información sobre la salud, el sexo y la psicología. Lo interesante es que esos datos se pueden modificar con tan solo un brochazo”, razona el experto.

Este neurocientífico francés ha analizado la semántica del maquillaje para extraer unos parámetros y determinar tipologías. “En general, existen dos, uno diurno, muy natural, y otro nocturno, más teatral. En el experimento, también incluimos una tercera modalidad, un retoque laboral que agranda la mirada, borra imperfecciones y trabaja la simetría. Para sacar conclusiones, los proyectamos en los rostros de varias mujeres y planteamos estas preguntas a quienes los apreciaban: ¿Varía la edad y el atractivo de la mujer dependiendo del tipo de maquillaje? Y sus cualidades sociales: ¿parece más seria y motivada?, ¿Las reacciones cambian dependiendo del tipo de maquillaje?. La respuesta en todos los casos fue afirmativa”.

Nancy Etcoff, una prestigiosa psicóloga de la Harvard Medical School, realizó un experimento poco convencional. “Nos centramos en el impacto del color en la percepción del rostro: los pigmentos alteran variables como el tono, la textura o la uniformidad”, explica Etcoff. Y razona: “Las personas atractivas nos parecen más talentosas, sociables y buenas”. Es el llamado “efecto del halo de la belleza”. El equipo de esta investigadora comparó cuatro tipos de maquillaje: uno natural, otro profesional, otro glamuroso y otro sexy. “Los dos últimos, más coloridos, exageran la mirada. A 250 metros, los rostros empolvados, comparados con los no retocados, recibieron mejores calificaciones en competencia, confianza y atractivo”, asegura Etcoff. Pero cuando las fotos se observaron con más detenimiento, llegaron las sorpresas. Las tipologías sexy y glamorosa recibieron notas bajas en un apartado: el de la confianza. ¿Por qué?, Aubert aporta una teoría: “Si se añaden filtros, como demasiada sombra o base, la comunicación emocional se resiente. Si abusamos del producto, taponamos las facciones y expresamos menos”.

La zona comprendida por los ojos, la nariz y la boca se le llama triángulo social. “Esa área está cargada de información; la expresión se comunica en ese triángulo”, informa Aubert. Es tan importante esta zona del cuerpo que suele inclinar la balanza en una entrevista de trabajo. Los granitos y las manchas en el rostro distraen al interlocutor, por lo que procesa menos datos y su valoración baja.

La mujeres conocemos instintivamente el poder que tiene un rostro iluminado y bien definido por el maquillaje, es por eso que se considera una herramienta que determina lo que las mujeres piensan de si mismas y como quieren ser percibidas por los demás. Mi experiencia en el mundo corporativo me enseñó que estar maquillada, junto con el buen vestir, te ayudan a proyectar responsabilidad, seriedad, confianza y profesionalismo, cualidades poderosas que se buscan en un candidato desde la primera entrevista de trabajo. La confianza, la competencia y el éxito nada tienen que ver con los atributos con los que naciste sino con lo que haces con ellos.

 

Maria Mercedes Velásquez.

 

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